23 octubre, 2008

El que ríe el último...

Parece que lo estoy viendo. El Presidente del gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero, alias el Cachondo, haciendo su chistecito en Nueva York, ante la fanaticada gringa, sobre el sistema financiero “más sólido” del mundo. Aunque esto moleste a Berlusconi y a Sarkozy (“mi amigo” dijo). Risas ¿recuerdan?
Ahora su "amigo" Sarkozy le ha dejado fuera de la cumbre para refundar el Capitalismo. Dice que no quiere crear un agravio comparativo con Polonia (a la que duplicamos en el PIB). En fin que se la a hacer.
Da igual que seas octava potencia mundial, da igual que seas campeón de Europa, que tu tenista sea el número uno del mundo, que la cocina española esté en boga o que Woody Allen haya firmado con una productora catalana para rodar dos películas más en España. Todo eso da igual si el día del desfile del 12 de octubre (ese “coñazo” Mariano), no te levantas ante la bandera americana (cuando estaba en la oposición), dejas a tus aliados allí tirados en Irak, o te burlas de economías como la italiana y sobre todo la francesa. Al final todos tienen su corazoncito.
La política exterior de este gobierno, tan errática desde el principio, nos ha llevado a este callejón sin salida (el Presidente se va a la cumbre Asia- Europa a ver que puede hacer) ya que es casi un hecho que no estaremos con los grandes del mundo económico en esa reunión “vital”, nos dejan fuera de la primera división del mundo occidental. Qué risa.
La Oposición, con Mariano alias el Cuestionado a la cabeza, hacen leña del árbol caído y andan a la gresca con los navarros que les han dejado tirados con lo de los presupuestos. Andan muy entretenidos con el tema. Tendrían que exigir a una voz que se nos permitiera participar en la cumbre, tenemos mucho que decir allí pero, ya se sabe, la política es la política. Mientras, a reír señores, que son dos días (no hay mal que dure cien años… decía mi abuela).
Todo se mueve, al final, por pasiones tan comunes como la rabia, los celos patrioteros y demás debilidades del alma humana. No valen los números ni los méritos deportivos, hay que bailar al son de la música que tocan los grandes. Es en esa sordera político-musical es en lo que éste gobierno falla y lo que ahora nos pasa factura a todos.
Sobre los presupuestos ya hablaremos. Mi tocayo Pedro Solbes y su pandilla creen que estamos en el País de las Maravillas y no congelan gastos. En fin. Como sigan así las cosas con esta crisis, tendremos que llamar a este sendero “pagando el pollo” o “pagando las sardinas” porque los que es el pato está carísimo, como todo, como lo de reírse de los demás y hacer chistes sin gracia: te cuesta una cumbre y un viaje a China castigado, (para hacer de “huele peo”) a ver si te hacen un hueco y para que la próxima vez te lo pienses mejor. Recuerde señor Presidente lo que decían nuestras abuelas: el que ríe el último…

21 octubre, 2008

Panamá ¿conocida?

Hace unas semanas pasamos nuestra Luna de Miel por tierras granadinas. Mi mujer Marga Collazo y yo elegimos el viaje, nos dimos el sí quiero y nos la pasamos por aquellas tierras, comiendo bien, bebiendo buen vino, y disfrutando de la belleza de los monumentos de esta tierra que guarda en sus entrañas el cuerpo del gran Federico García Lorca, a la sazón, uno de los favoritos de mi mujer.
Andando por Granada nos encontramos con una brillante idea gastronómica: un restaurante apto para celiacos, sin gluten ni lácteos, del cual se puede comer muy barato porque todo es para llevar. Vamos, un restaurante apto para todos. Lo regentan unas amables inglesas que tienen cara de buena gente. Además, te enseñan a cocinar toda esa comida tan sana. El sitio en cuestión se llama El piano.
Marga y yo pasamos por allí con ganas de comer y una muchacha al vernos con cara de búsqueda hambrienta salió con un volante y nos preguntó si conocíamos el restaurante. Contesté que no y le pasé el volante a Marga que leyó “bolitas de Panamá”. “¿Cómo son?”. “Qué”, respondí, “Las bolitas de Panamá que pone aquí” me dijo mi mujer. Me quedé intrigado. Cuando uno sabe que el 95% de los españoles, elegirían Costa Rica antes que Panamá para su Luna de miel o un viaje a Centro América, se queda intrigado ante la posibilidad de que alguien cocine cualquier cosa que se llame Panamá.
Entré y dije que era panameño y pregunté cómo eran esas bolitas con el nombre de mi país. Describo lo que se me dijo: “son una bolitas de harina de maíz, con albahaca, granos de maíz y guindilla”. La muchacha me dijo que me regalaba una por ser de Panamá. La probé, estaba buena pero no recuerdo (ayúdenme todos a recordar) haberla comido nunca en mi vida. No era una torrejita, ni una empanada de maíz, nada de eso. Era una “bolita de Panamá”, como las “Panama Jack”, o como los “sombreros Panamá”, que nada tienen que ver con nosotros. Incluso si buscan una revista literaria en la web, “Invierno en Panamá”, se darán cuenta de que lo único panameño que tiene es el nombre. Muy poco se conoce de Panamá.
¿Quién remediará esto? En la Exposición Universal (tengo fotos) había cuatro sombreros y tres molas como quien dice. Triste. Y esa gente, según me informan, fue por su cuenta hasta Zaragoza sin ayuda apenas del gobierno. Cuando Enrique Jaramillo-Levi estuvo por acá por España presentando sus dos nuevos libros, dije delante del Embajador panameño y la agregada cultural, que la mejor manera de dar conocer a Panamá es apoyando escritores, haciendo posible su difusión en Europa. La agregada me dijo medio molesta que ella sí se mueve porque había invitado a mucha gente a la presentación (sobraron sillas, muchas) que compartía nuestro escritor con Carlos Cortés, novelista tico.
Panamá no es conocida por acá. La gente, mucho ignorante puede ser, me pregunta cómo está la cosa, si los gringos siguen o si el Canal ya lo devolvieron. Nadie difunde imágenes turísticas de nuestro país, nadie pone en circulación la idea turística que hay que poner en la mente de los europeos: “Panamá es el mejor destino de América Latina”. Nadie lo hace. Aun así nos encontramos con “bolitas de Panamá” y con gente que quiere visitar “mi” país por ser yo de allí, no por nada más. Mucha “Panamá defendida”, mucho nacionalismo “ombliguista” pero el gobierno ni hace nada por nuestro turismo, ni por sus escritores, ni por la cultura. La mejor manera de defender Panamá es darla a conocer, no condenarla al ostracismo turístico. Argumenten los aludidos lo que quieran: en la calle, si preguntamos a cien españoles por Panamá, o a cien europeos, seguro que un 80% no nos ubicaría en el mapa, ni mucho menos iría a visitarnos pero, seguro, que se pondrían un sombrero, se comprarían una botas y se comerían una “bolita de Panamá”, lo más cercano que llegaran a conocernos, por mucho que defendamos Panamá, por mucho que nos empeñemos en ser puente del mundo, por mucho que deseemos ser corazón del universo.

Fabián, Miles y yo en el ascensor

Volvió a ocurrir. Ayer, después de un día de vértigo en la oficina, teníamos hora para que un técnico de nuestro operador de teléfono nos instalara los aparatos necesarios para ver la televisión. Vaya por delante que me alegré de que me dijera mi mujer Marga Collazo que vendría alguien a ponerlos porque yo, ni idea. Nos llamó por teléfono al móvil porque no estábamos aun en casa. "Diez minutos más", pedí, educado y rogante. Esperó el hombre y estando ya en casa sonó el telefonillo. Me alegré.
Por la puerta entró un hombre alto, silencioso, con ojos azules y pausado, con unas gafas colgando al cuello. Parecía uno de esos genios que se encierran con pensamientos y libros, pensé, y me di cuenta que, salvo los ojos azules y las gafas, acababa de describirme. Se sentó habiendo descargado su mochila roja y me preguntó por la toma del teléfono. Le enseñé dónde y sentado en el sofá, comenzó a sacar todos esos aparatos necesarios para hacer que la televisión se vea. El hombre miraba alrededor, los libros que llenan toda nuestra casa parecían sorprenderle, no incomodarle. Sobre unos cuantos que tengo en una mesilla secuestrada, estaba Ascensor para el cadalso de Miles. Lo cogió (¡atrevido! dirían en Panamá) y lo miró como quien se encuentra por la calle consigo mismo.
Procedió con las tareas técnicas. Llamó varias veces por teléfono porque el código de cliente que tenía apuntado no era el nuestro. “Es impresionante”, dijo en voz alta. No sabía que hablaba conmigo. “La cantidad de libros”, dijo y yo contesté con vergüenza que sí, que bueno... “Yo tengo el mismo dilema”, confesó, “acabo de mudarme y tengo que colocarlos”. ¡Por fin alguien con nuestro mismo problema! “Y encima los discos de jazz”, siguió diciendo, “tengo cinco mil”. ¡No podía ser! “Y encima -señaló el disco de Miles-, este disco que es especial para mí”. Pensé en Vila-Matas y estuve a punto de llamarlo.
Colocó los aparatos Fabián (así se llama) y nos confesamos las mutuas desazones por los libros desordenados, la pasión por el jazz, (sobre todo él, cinco mil discos ¡qué bárbaro!) y hasta opinamos sobre algunos escritores. Tiene de Sudamérica (Argentina para más señas) lo de los libros, confesó. Quedamos en vernos, conversar todos juntos, sus niños con la nuestra y su mujer y Marga con nosotros para hablar de lo humano y lo divino.
Me impresionó cuando dijo que lo más curioso era que de todos los discos que podíamos tener encima de los libros fuera precisamente Ascensor para el cadalso de Miles. “Va conmigo ese disco”, confesó. A ver si mi amigo contacta y nos tomamos ese té con la familia para subirnos con Miles al ascensor y disfrutar de la vida mientras los libros se van escribiendo. Otra vez Vila-Matas y sus casualidades literarias. Comienzo a temerme que vivo en un libro o en un álbum de jazz.

12 octubre, 2008

Titular

Al principio Ignacio los llamaba de cualquier manera y ellos venían. Cuando los presentaba nadie los entendía, se perdían todos por un camino tan breve que volvían cansados de él. Un buen día, Lauro Zavala le dijo que los llamara bien, “así nadie se perderá”.
Desde entonces todos transitan los caminos breves de Ignacio sin perderse. Y no se cansan de ir y volver.
Novena enseñanza: El arranque de un microrelato es su título. Allí se gana y se pierde todo, aunque parezca poco.

Miles y el Ascensor

Que Miles Davis es un genio no cabe duda. Lo que me impresiona sobremanera es la capacidad de trabajo y la concentración excepcional que consiguió para crear la música para Ascensor para el cadalso, la película, ya saben, de Louis Malle. Yo he llegado a ella por medio de la música de Miles. Se respira melancolía, un blanco y negro rotundo, en cada una de las piezas de este disco. La música del genio sobrevive y se agiganta por sí sola, independiente de las imágenes Malle.
Boris Vian, otro genio, hace hincapié en el tema Dîner au motel, del que dice que Miles lo interpretó con un trocito de piel desprendido de su labio. Escribió Vian que fue la casualidad, como sucede con algunos pintores, lo que llevó a Miles a ese momento estético único. Puede ser. De cualquier manera lo que dijo Boris Vian, es leyenda, mito del jazz.
Cuando escribo, me subo al ascensor con Miles y vamos charlando de los personajes, de las tramas, de la vida. Saco otra botella de Viña Mayor, pongo Chez le photographe du motel, y bajo las luces. Mi mujer Marga Collazo, que me trajo el jazz, entra en el juego en blanco y negro, con tinto del bueno, y nos dejamos llevar por una música que sabemos es única, irrepetible.
De Miles Davis hablaremos más. No he olvidado tampoco a Chet y su salto, mi obsesión con todo aquello. Mientras, sigo disfrutando de la leyenda de esta banda sonora, obra de arte por sí sola, que es Ascensor para el cadalso y perdiéndome también en los ojos seductores de la Jeanne Moreau de la portada.

Futuro

Lo único que podemos hacer con el futuro es construirlo en el presente. Da igual lo que pase mañana. Los que no construyen hoy, mañana serán arrastrados por la riada de afanes que trae adosado cada día. Los que no caminan hoy, mañana sentirán sus piernas entumecidas cuando el camino sea más cuesta arriba y requiera toda nuestra fuerza. Los que no sueñan hoy mañana amanecerán en la peor de sus pesadillas y nadie les despertará de su insomnio de desidia.
El mañana no nos pertenece, no sabemos qué pasará, es cierto. La única verdad es lo que construyamos, lo que caminemos, lo que soñemos hoy. Ese es nuestro capital. Que el futuro nos halle buscándole, que no nos sorprenda con sus caprichos crueles.

Mariano y el coñazo

Cuidado con los micrófonos don Mariano que la tecnología al final, como los niños y los borrachos, termina diciendo la verdad. Menos excusas de ámbitos privado y público y un poco más de sinceridad en los sentimientos patrióticos, déjese de posturitas políticas.
En fin señores, que los que comen de la política y de la exaltación de sentimientos tan nobles como el amor a la patria terminen por expresar que es un coñazo lo del desfile toca mucho la moral. Si le aburre su trabajo señor Rajoy, al paro, si no por lo menos créase lo que dice sobre España que no está la cosa como para andar con dobleces.

25 septiembre, 2008

Zapatero el cachondo

Por fin nos han dado la receta contra la crisis: el sentido del humor. Bueno. Hay que reírse mucho, es obvio, hacer lo que los psicólogos llaman “relativizar” o como decimos más a pie de calle “quitarle hierro al asunto”. Bueno. Me río.
Ahora bien, no es suficiente reírse, necesitamos soluciones que evidentemente no pasan por la risa floja, esa que tuvieron que forzar la comparsa de Zapatero después de su chiste ante los empresarios gringos. Tardaron en reaccionar, miren el video. El presidente cachondo es además muy optimista (la mayoría de los chistosos lo son). Dijo que España "quizás tenga el sistema financiero más sólido del mundo". ¡Chúpate esa! Pues nada, más risas. Sobre todo se tronchan Berlusconi y Sarkozy (sus amigos de risas).
Nuestro optimista irredento, de esos que se hunden con la patria en vez de intentar reflotarla, le dice a Rajoy que sea más cachondo como él, que esas bromas se las gastan los Primeros Ministros (que se fastidie Mariano que no es Primer Ministro ni nada y encima doble perdedor) y que evidentemente él no las entiende.
Pero el mejor chiste de estos días, de esos que remontan crisis económicas que da gusto, es uno que contó mi tocayo Pedro Solbes en el Congreso de los Diputados (Globo Media a cerrado contrato con el Estado español para retransmitir desde allí “El club de la comedia”): “nosotros nunca hemos negado la crisis”. Mi mujer Marga Collazo casi tuvo que llamar al SAMUR del “descojone” que me dio (todo esto en vísperas de nuestra boda es muy preocupante, lo digo por lo del des-cojone y la luna de miel). Pero una vez oído al cachondillo de don Pedro me he quedado más tranquilo, sobre todo con eso de que esta es la peor crisis que él ha visto nunca. Risas.
Pero hay un “mogollón” de gente que se “troncha”: el señor de la tienda de electrodomésticos de Getafe que ha tenido que cerrar después de veinte años de negocio, al igual que la mujer de la tienda de muebles y las fruterías de barrio. Unos cachondos todos. Se están “partiendo la caja” los padres que tienen que dejarse un riñón en libros este año o a los que les han denegado las ayudas de comedor por ser “ricos” (que me “mondo”). Otros graciosos son los parados que son gente de chiste fácil allí en las colas del INEM y los que están cayendo en la morosidad hipotecaria también son unos cachondos. Todos ellos viven en la “primera división” de la economía, la española, “la más sólida”, quizás, del mundo. O quizás no, cachondo.
Basta de risas y pongámonos manos a la obra (otros chistosos los de la construcción) con la economía. La risa que remedia muchos males, no reduce hipotecas ni da trabajo. A menos que decidamos escribir monólogos para políticos cachondos que nos matan de risa con sueños económicos a largo plazo, como Zapatero el cachondo, que vive en el País de la Maravillas sin Alicia ni conejo parlanchín. Los dos están el paro. ¡Qué risa señores, qué risa!

24 septiembre, 2008

Caminar

Hay que caminar. Si nos quedamos inmóviles, temerosos y tristes la "realidad" (el entrecomillado es de Nabokov) terminará consumiéndonos. No temamos el camino que vayamos haciendo al andar. Escuchemos como Don Quijote a los perros que ladran porque caminamos. Disfrutemos del paisaje mientras haya luz. Llegará un buen día el crepúsculo definitivo y se terminará el camino cuando hallamos dejado de andar. Para ese día espero tener la pupila llenas de soles y en el horizonte, al Creador.

Mortal y rosa

Conservo con cariño el ejemplar de Mortal y rosa que Francisco Umbral me firmó en el Círculo de Bellas Artes. Lo había leído y lo subrayé profusamente. Aprendí mucho y descubrí al Umbral que se escondía tras el personaje Umbral.
La literatura en forma de diarios es muy popular. Desde el famoso Diario íntimo de Amiel pasando por los "tomazos" de Salón de pasos perdidos de Trapiello hasta el reciente Dietario voluble de mi perseguidor Vila-Matas (que me ha regalado mi mujer Marga Collazo como despedida de nuestra soltería), la literatura en este formato busca la cercanía a la intimidad, seducir con hechos del alma el corazón de los lectores.
Mortal y rosa consigue este objetivo, sin ser ficción. Comunica al lector las dos grandes pasiones del autor: su hijo y la Literatura. Del hijo y su enfermedad Umbral se queja, llora. Protesta por lo que él entiende como un suicidio de la civilización, es decir, la muerte de un niño. En el hijo que se marcha poco a poco, que se apaga, se centra toda la carga existencial y dramática, la tristeza profunda y rabiosa ante la perdida.
Pero la contraparte del libro, la Literatura, se transforma en el bálsamo, el clavo ardiendo, el ancla. Umbral retoma los senderos de su vocación, se repite en soledad qué es la Literatura y la llama en su auxilio. Quiere verse reflejado en los libros, atrapado, rescatado por ellos. Francisco Umbral, golpeado por la tragedia no renuncia a su destino irremediable como escritor sino que en medio de la vorágine se confirma como tal.
El terror ante la muerte de un hijo, la decisión de no renunciar a la Literatura aun en su ausencia, son toda una lección vital pero también lo es la técnica con que son tratados estos sentimientos, esas sensaciones terminales, profundas, al borde del abismo. Lo fragmentario de los textos, la metáfora certera y precisa, convierten este texto fundamental de la Literatura española en un referente para los que pretenden hacer literatura hoy.
Sobre el hijo un breve fragmento de los tantos en este libro: "vivo de llorarte en la noche con lágrimas que queman la oscuridad". Sobre el ser de escritor dice: "escribir es sólo la exteriorización de una actitud y de una óptica. El escritor va por dentro".
La edición que me firmó Umbral es la misma que ilustra esta reseña, la de el periódico El Mundo. Félix Grande dice en el prólogo que Umbral "estaba tan aturdido de dolor que no se daba cuenta de que escribía un monumento a la literatura". Razón no le falta: Francisco Umbral a conseguido la metáfora perfecta y la ha escrito en un libro. Consiguió convertir en Literatura la más grande de las heridas: la muerte de un hijo. Aquí nos queda uno de los libros más brillantes sobre la oscuridad. El más triste sobre la alegría de ser escritor.