15 octubre, 2009

Pero sigo siendo el rey (Reseña)

Txema Arregui tiene una misión: buscar al “número Uno”. La orden le viene de “Buster”, el Ministro del Interior español. El “número Uno”, que no es ni más ni menos que el Rey Don Juan Carlos ha desaparecido dejando una extraña y elocuente nota: “Me voy a buscar al niño. Volveré cuando lo encuentre. O no. Feliz Navidad”. A partir de aquí, nada es lo que parece y todo apunta a una trama que tendremos que desvelar paso a paso junto a un grupo de personajes extravagantes y muy humanos.
“Pero sigo siendo el rey” (Editorial Salto de página, 2009), la tercera novela del escritor “argenñol” Carlos Salem (Semana negra de Gijón, Buenos Aires, 1958), nos ofrece una historia hilarante, tierna y trepidante donde a cada paso nos sale al encuentro una pista más que tenemos que seguir hasta llegar al desenlace de esta historia que os reconciliará con la novela negra si es que algún día tuvisteis alguna decepción con ella.
Carlos Salem rescata para sus lectores a Txema Arregui ahora ex policía de puñetazo en la nariz y disfraz rápido que tiene una honda pena por una mujer. Héroe nacional, distinguido por haber salvado casi por casualidad en una ocasión al Rey se le encomienda esta vez la difícil tarea de encontrar a Don Juan Carlos que ha desaparecido dejando la citada extraña nota.
Arregui lo encuentra (no os preocupéis que no os he desbaratado la novela) y el camino de vuelta a casa está lleno de extravagantes personajes en una España surrealista y tierna que nos retrata a la perfección y que nos hace pensarnos desde una perspectiva distinta. Recuerdan muchos pasajes de esta novela a la película “Amanece que no es poco”, otra joya que nos llama a pensarnos mejor. En esta novela resolver el caso no lo es todo: nos arrastra la curiosidad por saber por qué y para qué se ha montado todo este tinglado de vértigo.
La intriga que hay detrás de la desaparición del Rey está salpicada de matones, secuaces, amigos en los que confiar e inesperados traidores que nos llevan en volandas por la páginas de esta novela que nos anima a seguirle la pista a este escritor que va mostrando novela a novela ser un valor seguro de nuestras letras.
La maravilla de esta novela es por un lado el personaje de Arregui, un personaje bien dibujado, triste, leal y experimentado policía. Sentimos sus miedos, sus alegrías, su necesidad de afecto y su profunda tristeza lo que nos recuerda a los grandes detectives del género negro. Un personaje que formará parte seguro de la nómina de los inolvidables de la actual novela negra y al que echaremos de menos cuando terminemos de leer la novela. Por otro lado está la valentía necesaria del autor para echar mano de lo surrealista para narrar su España. El tono y las escenas que parecen mentira forman parte de un dibujo preciso de lo que es España, en lo que se ha convertido España en estos últimos veinte años. Al hilo de lo dicho, un capítulo de la novela que merece especial atención es el que dedica a la Guerra Civil (busquen y lean). Es la mejor radiografía, la mejor estampa, la mejor expresión que he leído hasta hoy de lo que fue y en lo que se ha convertido aquel conflicto que tanto nos dolió y nos duele.
“Pero sigo siendo el rey” coloca a su autor Carlos Salem como uno de los escritores del momento y la obra es una de las novelas que no debemos perdernos este año. Desearán los que no conocen a Carlos Salem leer su obra anterior y la que viene (que viene pronto) esperarla con entusiasmo.

09 octubre, 2009

Obama, Nobel de la Paz

Pues sí señores: Barack Obama es el Premio Nobel de la Paz 2009. El comité de la Fundación Nobel destaca "sus extraordinarios esfuerzos para reforzar la diplomacia internacional y la cooperación entre los pueblos". Una vez más se les ve el plumero y lo único que buscan con este galardón es prestigiarse con el aun no estrenado Presidente Obama porque no ha conseguido nada más que dejarnos sus buenas intenciones en todos los frentes abiertos que tiene. Cuando tenga que arremeter contra los norcoreanos o contra los iraníes ya veremos cómo reaccionan sus entusiastas.
Este premio es un desatino muy riesgoso para la credibilidad de la Fundación Nobel y presagia que haga lo que haga en el futuro el Presidente de Estados Unidos estará aprobado y refrendado por su Nobel de la Paz por el cual le felicitamos pero, insistimos, no se merece. Por lo menos todavía no.

08 octubre, 2009

Ella es Herta Müller, Premio Nobel de Literatura


Pues ya está: el premio Nobel de Literatura es este año para la reconocidísima escritora rumano-alemana Herta Müller (Nytzkydorf, Rumanía, 1953). Escritora de gran relevancia internacional ha publicado la célebre "El hombre es un gran faisán en el mundo", "En tierras bajas" (Siruela) y "La piel del zorro" (Plaza&Janés).
Leída y discutida su obra en los principales foros la Academia sueca reconoce en Müller su capacidad para describir "el paisaje de los desposeídos". Una apreciación que tiró por tierra a los otros aspirantes al galardón ya que la dimensión de ellos era más bien irrelevante y sus descripciones de los desposeídos o no es un peñazo.
Fiel a su espíritu de premiar a los desconocidos, la Academia sueca descubre a esta escritora para deleite de los sibaritas como yo que sí que hemos disfrutado en el pasado con la vibrante prosa de esta imprescindible escritora europea y además seguimos su blog personal. (Chiste: aquí os reís de mí).
Vamos, que este año se han vuelto a exhibir los esnobs de la Academia sueca que hacen cada año, con sus decisiones, menos universal y literario el premio Nobel de Literatura. En Panamá existen desconocidísimos escritores que lucharon contra las dictaduras de Torrijos, Noriega y su pandilla e incluso alguno fue detenido y torturado y después ha escrito cuentos o algún ensayo. El año que viene que urgen por allí que creo que por alternancia toca América (perdón, que esto no es lo de las Olimpiadas).
A mí lo de premiar a los sufridos y perseguidos y no a los escritores y sus textos me va haciendo cada vez menos gracia. Recuerden al leidísimo Gao Xingian al que Sánchez Dragó presentó en su día aquí en Madrid cuando nos visitó. Peñazo de libro “La montaña del alma” aunque con momentos hermosos. Lo dicho, que nos aguantaremos un año más y aguantaremos a los listillos de turno que dirán en los bares o en las comidas con los amiguetes que ya habían leído algo de ella y que "desde luego Pedro que inculto eres con el tiempo que pierdes leyendo las novedades”.
Perdón por la ignorancia pero como sigamos así en un par de años el que lo recogerá seré yo. Lo he advertido.

07 octubre, 2009

Yoon y la pulsera de jade (Reseña)

A Yoon su mamá le regala por su cumpleaños un cuento coreano sobre un tigre y una niña que era engañada por este y una preciosa pulsera de jade con su nombre en coreano grabado por dentro aunque ella esperaba que su madre le regalar una comba. Con estos sencillos elementos Helen Recorvits pone en marcha una historia preciosa sobre el valor de la verdadera amistad y el cuidado que tenemos que tener para que no nos engañen.
En “Yoon y la pulsera de Jade” asistimos a la experiencia de Yoon una niña coreana que se verá aplicando lo que ha aprendido en los cuentos a su vida real. Una historia ideal para que les expliquemos a los más pequeños cómo hay chicos que se aprovechan de otros y como debemos actuar con ellos.
Ilustrado con colorido y con dibujos muy sencillos por Gabi Swiatkowska tenemos un cuento para enseñarles a los más pequeños que la amistad no se compra y que los verdaderos amigos no te deben engañar. Que los maestros están para ayudarnos y que todos podemos aprender la lección del cuento del tigre y la niña.
Un cuento ideal para leerlo en varias noches y conversar con los pequeños sobre su mundo y sobre el valor que hay que tener para enfrentar a los tigres que nos acechan que a esa edad no son pocos.

El arte de perder (Reseña)

“Mujer solitaria busca” podría ser un buen resumen de esta novela pero “El arte de perder” (Planeta, 2009 y Premio Azorín de novela) está ambientada en pleno siglo XXI, cuando el auge de Internet y sus redes sociales y chats de búsqueda de pareja están a la orden del día. Hoy todos buscan, todos mienten en sus perfiles pero ¿se han preguntado los lectores por los sentimientos que hay detrás de las personas que los frecuentan?
En “El arte de perder” de Lola Beccaria (Ferrol, 1963) es un excelente retrato de nuestra sociedad en lo que a usos amorosos se refiere y pone de manifiesto que en el fondo el gran deseo de hombres y mujeres es que al final del día, allí donde vayamos a descansar, haya alguien que nos espere con una sonrisa de amor y unas caricias para paliar las heridas de la jornada.
Dividida por meses “El arte de perder” nos revela la historia de Sara, una mujer que desea encontrar el amor y frecuenta los chats de Internet en busca del hombre que necesita, que se ajuste a su visión del amor. Después de muchos intentos fallidos se topa con Enzo un hombre que también busca y que no termina de convencerse de que de verdad quiere a Sara y que con su parquedad de palabras juega con los sentimientos de ambos. Aunque el narrador omnisciente nos ofrezca la perspectiva de Sara nos hace ver cómo Enzo también es un alma en búsqueda, cómo sus afectos van cambiando hasta llegar a la convicción de que es Sara lo que desea aunque es probable que se dé cuenta demasiado tarde.
Técnicamente esta es una novela de género “emailico” y “smsino” (lo que antes llamaban los antiguos “género epistolar”) por un lado y el costumbrismo por otro en la que vemos los sentimientos vertidos de Sara en unas palabras que muchas veces envía a Enzo y que otras veces no se atreve a hacerlo pero que testimonian un perfil actual afectivo que revela que en contra de lo que se dice de cara a la galería todos creemos en el amor romántico más de lo que queremos reconocer, sino que se lo pregunten a Enzo que al final de la novela… Pasen y lean.
Lola Beccaria novela para sus lectores la crisis afectiva de este arranque de siglo, con sus vacíos y sus plenitudes, con una precisión quirúrgica y con una ironía muy actual que nos va a arrastrar por toda la novela hasta su inesperado final sin ser en exceso romanticona: es más bien un grito desesperado ante el encuentro de lo deseado y a la vez su imposibilidad de disfrutarlo.
Una novela de amor, de búsquedas y encuentros desafortunados y de pasiones brutales, “El arte de perder” nos deja con un regusto a realidad y a tristeza, a vida que conocemos y nos mete en el cuerpo la sensación de que la ficción está cada vez más cerca de la realidad.

30 septiembre, 2009

Habana flash (Reseña)

Cuba es una casa llena de vistas. Acoge en su historia tantas tristezas y tantas alegrías que se trata de una suerte de álbum de fotos de la vida. Cuba también ha sido por muchos años destino preferente para muchos españoles a la hora de emigrar para buscar un futuro mejor. No es un secreto que muchos gallegos cruzaron el mar para hacer “las Américas” y esa América fue para muchos la isla de Cuba.
Xavier Alcalá (Ciudad Real, 1947) traza en esta novela de viaje el camino de vuelta que se suele hacer en busca del espíritu de nuestros antepasados pero cumplido este fin “Habana flash” es un retrato de la Cuba actual, de su miseria y de sus mentiras institucionales. Crónica de unas vivencias modernas que evocan el pasado que definitivamente fue mejor, este libro-álbum nos pondrá en perspectiva sobre cómo fue la inmigración gallega a Cuba.
La Habana es un paisaje contradictorio. La suntuosidad del “Floridita”, el lujoso hotel de Hemingway contrasta con edificios que amenazan caerse o con autobuses que se enganchan a la cabeza de un tráiler. Y contradictoria es la visión de normalidad de esas estampas porque para el cubano casi siempre la cosa ha sido así. Así las cosas la visión que el autor nos ofrece pone de relieve una circunstancias que ya lleva muchos años dándose.
La narración es lineal, va paso a paso y sentimos la presión de los vigilantes de inmigración, la persecución de los pedigüeños pasando por los ofrecimientos clandestinos en la puerta de la habitación del hotel de “compañía”. El autor nos permite con trazo delicado vivir con los personajes sus emociones en la Habana.
Xavier Alcalá dosifica bien la “cubanidad” y la “negritud” con la “galleguidad” en la que cree, en la que creemos, para dejarnos un texto fresco que nos pone delante un historia que se repite en tantos hogares españoles: la del abuelo que se fue, la de los familiares en el extranjero que aunque no hayan vuelto siempre han añorado su tierra.
El espíritu de abuelo Remigio puebla y tensa la marcha de la historia nutriéndola de emoción humana. Apenas podemos creer nos que Cuba haya sido como era y que ahora sea como es. Choca que la revolución no haya logrado más que miserias y una letanía que se alza al son del “guaguancó” y la “salsa” y que se mezcla con la música de Serrat y Elvis Prestley.
Es entrañable ver como los gallegos que no regresaron hablan de “sus tierras”, escuchar la mezcla de opiniones que se vierten de allí y de aquí. Sienten ambas “tierras” de cerca, tiene sus dudas y sus reparos pero sobre todo tienen un espíritu de superación que los llevó hasta donde están para encontrarse con su parte de futuro.
“Habana flash” no va a dejar a nadie indiferente. Su sencilla crónica, su cálida emoción va a traernos recuerdos y suscitar reflexiones. No es un libro para criticar a nadie aunque lo haga más de una vez, no es un libro para alabar a nadie aunque lo haga: es un libro escrito con el corazón que requiere para su lectura un mojito y el mar de fondo para ponernos en situación.
Conmueven sobre todo los niños que piden, alfabetizados eso sí, pero que piden por las calles a los turistas por que no tienen otro remedio. Niños y niñas a los que les espera el futuro. Este libro toca el corazón, aguza el recuerdo y reclama nostalgia mientras nos entretenemos en sus fotos. “Habana flash” hay que leerlo cuanto antes para comenzar a digerirlo y a discutirlo.

29 septiembre, 2009

Muere el ex-presidente panameño Guillermo Endara Galimany

A Guillermo Endara lo recordaré siempre, con cariño, como “Pan de dulce”, así le llamaban cuando yo era joven. Se parecía mucho a la abuela de unos amigos míos que vivían en Río Abajo: “tu abuela se parece a Endara Paquito”, les decíamos y ellos que no. Un día vi a la señora y era cierto: Endara tenía su doble en Río Abajo.
Pero Endara pasará a la historia panameña como el primer presidente de la democracia panameña después de la Invasión a Panamá. Encabezó la revuelta civilista y su terna con Billy Ford y Ricardo Arias Calderón pasó a la Historia como la cara visible del deseo de democracia en Panamá. La campaña de aquellos años tenía la banda sonora de los días que en España se pedía democracia también con el tema de Jarcha “Habla pueblo, habla”. Las cosas cambiaron después pero ese es otro cantar.
Asumió la presidencia en Fort Clayton y siempre dijeron que fue un títere de los gringos pero las elecciones del 89, impugnadas por el dictador Noriega dijeron lo contrario.
Muere una figura clave de la Historia reciente de Panamá, un hombre al que me habría gustado entrevistar para ver por sus ojos tantas secuencias de nuestra vida republicana que hoy se pierden con su fallecimiento.

Senderos recomienda... La Biblioteca Imaginaria

Senderos retorcidos quiere recomendar esta semana “La Biblioteca Imaginaria”, una página web que nos presenta reseñas de libros, novedades y los que ya no lo son, con el único propósito de promover la lectura de calidad y acercarnos a sus autores por medio de entrevistas (en diferido o en directo) que nos muestran la trastienda de los escritores más relevantes del panorama literario.
Pulsando aquí podéis acceder a “La Biblioteca Imaginaria” y ya estando allí disfrutad de todo lo que ofrece esta brillante iniciativa que Cristina Lucía Monteoliva García dirige desde Granada y que cuenta con un grupo de muy buenos colaboradores que disfrutan con lo que hacen.
Los contenidos de la Biblioteca Imaginaria se renuevan dos veces por semana y tenéis la oportunidad de suscribiros al boletín con las últimas incorporaciones. Cuenta con una sección para promocionarse, enlaces de interés y puedes comentar los contenidos. Una página imprescindible si queremos estar informados de las mejores novedades literarias. Pasen y lean.

28 septiembre, 2009

Por los Senderos con... Javier Menéndez Llamazares


Javier Menéndez Llamazares autor de "El método Coué" (pincha aquí para leer la reseña) nos concede una entrevista en la que nos habla de su novela publicada por la Editorial Funambulista y que nos situa al final de la Segunda Guerra Mundial. Una novela que es sin duda una de las mejores publicadas este año.


1. ¿Cómo nació esta novela? Dices en la dedicatoria que a tu madre le habría gustado escribirla.


Me gustaría poder decir que fue un lento proceso de decantación, que la historia estuvo en mi cabeza hasta adquirir forma de novela y que salió por sí sola cuando finalmente estuvo lista. Me gustaría, pero realmente no fue así. Y no lo fue, porque hubo un momento que desencadenó la escritura. Esa chispa surgió cuando nos vimos obligados a desmontar la antigua casa de mis abuelos, y cada miembro de la familia quiso quedarse con algún recuerdo material. Yo tenía muy claro lo que quería: la antigua fotografía que tenían en el salón. Y cuando la tuve en mis manos, mientras miraba a aquellos dos desconocidos tan familiares, no tuve otro remedio que contar su historia. Algo que mi madre también habría querido hacer, por supuesto. Para ella era algo aún más personal: había conocido a los protagonistas y era, en cierto modo, parte de la historia.


2. ¿Cómo fue la etapa de documentación de esta novela? Son muchos los datos que manejas.


Larga, muy larga. E intensa. Pero es que hay que entender que los datos que yo manejaba eran realmente escasos: apenas una historia de trasmisión oral, que puede resumirse en diez minutos, y un puñado de testimonios personales teñidos de nostalgia y leyenda. Más el hecho de que yo no sabía prácticamente nada del marco histórico. Afortunadamente, pertenezco a una generación que ignora alegremente los grandes desastres del siglo XX. Así que me planteé ambientar la novela del mejor modo posible, y dediqué casi un año a investigar los entresijos de la guerra civil, de la postguerra, de la Alemania nazi, del intramundo falangista, de la aviación de la época, etc. Pero lo realmente complejo fue utilizar después todo ese corpus de información, ir dosificándola para no lastrar demasiado el ritmo de la historia, y no convertir el libro en un compendio de curiosidades.


3. Haces una advertencia al principio, antes de comenzar a leer la novela. ¿Por qué la creíste necesaria? ¿Para los lectores habituales el hecho de que sea una “novela” no es suficiente?


Me costó mucho poder incluir ese caveat lector; el editor mantenía precisamente esa opinión, la de que las novelas son, por definición, ficción. En este caso, sin embargo, yo había mezclado voluntariamente hechos ficticios con personas de carne y hueso. Creo que el lector tenía derecho a saber que ni todo era verídico, ni todo era inventado. Especialmente en este caso, pues todos sabemos cómo funciona el mercado editorial, y yo era perfectamente consciente de que, en algún momento, aparecería una frase promocional asegurando que se trataba de una historia "basada en hechos reales".


4. La novela arranca con la vuelta de Manuel Llamazares como héroe a su León natal ¿Tan esperpénticos éramos los españoles en el año 1944?


No, éramos aún peores. Durante la investigación me encontré con un dato muy revelador: pese a la idea, tan extendida, de que en aquellos años se pasó hambre por culpa de la pertinaz sequía y de las consecuencias de la guerra, lo cierto es que las cosechas fueron muy buenas. Lo que falló es que el gobierno no conseguía combustible, y no podía abastecer a la población. Contado así, parece cómico, pero sufrir aquel tiempo tuvo que ser grotesco. Claro que habrá opiniones para todos, porque no faltaba a quien le iba realmente bien en medio de aquella miseria.


5. ¿Crees que a los españoles nos cuesta vernos como héroes de guerra (o identificarnos con ellos) en esas fechas cuando parecía que todo heroísmo a nivel mundial lo habían acaparado los aliados?


Hay que tener en cuenta que España se acostó germanófila -por no decir directamente "pronazi"-, y se levantó aliadófila. En aquel momento no interesaba ya resaltar nuestros "pecadillos", sino ponerse a bien con el vencedor. Un proceso que, por cierto, tuvo que resultar muy difícil, pues los aliados no dejaban de ser los mismos que nos quitaron Cuba y los que ocupaban Gibraltar, dos heridas muy sangrantes en aquella época. Hoy día, y sin entrar en consideraciones ideológicas, podríamos estar tentados de pensar que a aquellos españoles se les robó la gloria. Pero ya sabemos que la historia siempre la escriben los vencedores.


6. ¿Cómo te encontraste con el método de Émile Coué y como llegó a convertirse en el nombre de tu novela?


Hay dos rasgos fundamentales que definen, como personaje, a Manuel Llamazares: la testarudez y el optimismo. Y eso es precisamente lo que ofrece el método Coué: la esperanza de cambiar la realidad mediante la voluntad. Cuando Émile Coué hizo públicas sus teorías, no se le tomó muy en serio. Yo las descubrí precisamente por eso: en una monografía alemana de los años cuarenta encontré una mención muy despectiva a la "teoría de Coué". En cuanto investigué sobre el tema, quedé absolutamente fascinado por la propuesta de Coué.


7. ¿Qué le debe “El método Coué” al cine? Muchas de las escenas tanto las bélicas como las de cercanía de personajes son muy cinematográficas.


El cine y la literatura utilizan lenguajes que son parcialmente intercambiables. Y ambos toman del otro cualquier elemento que les pueda beneficiar. No ocurre sólo entre estas dos disciplinas: también la música o el cómic interactúan con la literatura, porque todo es válido a la hora de contar una historia, que es de lo que se trata. Lo que no se puede pretender es ignorar los recursos que están a nuestro alcance, y escribir como si todavía viviéramos en el siglo XIX. De todos modos, no creo que sea un fenómeno que me afecte sólamente a mí: a todos, en mayor o menor medida, nos influye la dialéctica de lo audiovisual, porque forma parte de nuestra realidad cotidiana. Y no es ni bueno ni malo; simplemente, es así.


8. Manuel vive su particular “guerra” con el amor y parece que al final ganó ¿Te parece el amor un conflicto?


No creo que sea, exactamente, una guerra. Manuel persigue la felicidad, y el amor es uno de sus componentes fundamentales. Y le pasa lo que a todo el mundo: a veces sale bien y a veces no. Pero, si el mundo a tu alrededor se ha vuelto completamente loco y se ha entregado a una orgía de autodestrucción, entonces el amor se vuelve más necesario que nunca. ¿El amor como conflicto? Bueno, cada uno tiene sus intereses, sus expectativas y sus preferencias. Lo complicado -y lo mágico- es conseguir que dos personas encajen.


9. Cuando Manuel se instala con “La chica” en aquella “mancebía”, con cámaras y micrófonos típicos de la Gestapo dice de los escritores que es mejor “no llegar nunca a la persona. Porque siempre, siempre te decepcionan”. ¿Qué piensas sobre esto?


Imagino que le habrá ocurrido a mucha gente: lees un libro, escuchas una canción o admiras un cuadro y automáticamente piensas que el autor debe de ser una persona excepcional. Y luego, cuando conoces al creador, te das cuenta de que tiene defectos, o incluso que es un ser despreciable. Y es que proyectamos las virtudes de una obra en la persona que la ha creado, lo que es una atribución errónea. No es que opine que todos los escritores sean unos cabrones, si no que hay que acercarse a ellos como a cualquier otra persona, dejándose de reverencias.


10. Cuéntanos un poco de la historia de cómo llegó “El método Coué” a Editorial Funambulista.


De la manera más inesperada; yo había terminado el libro pero no tenía editor. Mientras buscaba uno, puse en mi blog un anticipo de la novela, los primeros cinco capítulos, que cualquiera podía descargarse. Entonces, por cuestiones laborales, tuve contacto con algunos editores literarios, y en mis correos electrónicos solía incluir al pie, junto a la firma, un enlace a mi blog. Sorprendentemente, un día me escribió Max Lacruz, el director de Funambulista; había descubierto el avance de la novela y me pidió que le enviara el resto del manuscrito. En tres días me llamó por teléfono: no había acabado el libro, pero quería publicarlo. A mí me sorprendió tanto que le dije que mejor lo leyera entero, por si acaso luego se arrepentía. Unos días después, me envió un mensaje que decía "El final también me gusta", y que adjuntaba un contrato de edición.


11. Tus personajes fluyen con la historia, entran y salen sin forzar la historia, no se imponen se presentan y viven ¿Bajo qué influencia literaria dirías que te encuentras?


A mí me gusta pensar que estoy dentro de la (reciente) tradición de narradores leoneses. Mi forma de narrar y mi afición por lo insólito tienen mucho que ver con la pasión de los libros de Juan Pedro Aparicio y José María Merino. Creo que hay algunas conexiones entre mi libro y "El año del francés", por ejemplo. Y hay una tendencia irrefrenable hacia la ironía que creo que me la ha contagiado Luis Mateo Díez, es el escritor en castellano que más me ha influído. Pero también me siento deudor de otros muchos autores, por supuesto: adoro a Giovanni Guareschi y a Tabucchi. Y he aprendido mucho de John Irving. Más allá de estas influencias, no me veo en ninguna corriente literaria. Además, todo eso me sobrepasa; no sé que es el afterpop ni el ciberpunk ni nada de eso. A mí me interesan los buenos libros, nada más.


12. Esta historia tiene su germen en la oralidad, viene de lejos en la familia ¿Cuál es tu relación con la oralidad?


Bueno, yo soy un chico de los ochenta; cuando me hablan de filandones, de tradición oral, de etnografía y cosas así, me suena todo muy lejano. Nosotros crecimos con la tele y la LODE. La relación con lo literario es practicamente siempre a través de la escritura. Sin embargo, la oralidad nunca desaparece del todo: está en las leyendas urbanas, en los chistes... en todos los recursos sociales que escapan del control mediático. Pero esta historia, como ocurre con todas las que se conservan por tradición oral, tenía tanta fuerza que fue capaz de llegar hasta mí, aunque lo hiciera nadando contracorriente.

26 septiembre, 2009

Cinefilia congénita I

Paula, Palita. Así se llamaba mi tía abuela que leía la revista Ecran de cine, revista chilena, y que fue la primera cinéfila de mi familia (del lado panameño) en plan formal, cinéfila de ir al cine con frecuencia y lectora de revista técnico-popular sobre el tema, una teórica del séptimo arte que estaba muy puesta en la materia según el testimonio de mi abuela Chela que ya hace años se fue de este mundo.
Pero la teoría del cine que fue construyendo Palita tenía en su centro neurálgico una costumbre lectora que siempre me hizo gracia por lo rotundo: nadie podía leer la Ecran sin que ella la terminara primero. Así las cosas cuando mi madre iba a casa de su tía tenían que preguntar, ante la soledad y abandono de la Ecran sobre una mesa o en el sofá: “tía ¿ha terminado de leer la revista?” A lo que mi madre me cuenta con una sonrisa de memoria feliz que casi siempre ella le contestaba con un mohín de fastidio “no la he leído toda”. Palita tenía ese sentimiento de amor a lo virginal, a lo nuevo, a aquello que nadie había tocado y, ya que ella había comprado la revista, se sentía en la obligación de ser la primera en dar cuenta de ella.
A aquella cinefilia incipiente en mi familia se sumó también mi abuelita Chela que era una amante del cine de “miedo” como le decía ella. Yo en aquella infancia mía era un cobarde, me aterrorizaban las películas de miedo. Pero mi abuela no me abandonó con mi miedo para que me sintiera peor, sino que me contó una anécdota que reveló que lo mío era hereditario.
Resulta que mi abuela quería ver “La momia” (Karl Freund, 1932) en el mítico Teatro Tivoli en la capital de Panamá. Mi abuelita Chela pagó su entrada y la de mi mamá con la emoción del buen cinéfilo que se enfrenta a una película de las grandes. Se sentaron en sus butacas y arrancó la cinta con los aires misteriosos que se le suponen. Todo iba bien hasta que la Momia (un maravilloso como siempre Boris Karloff) salió de su letargo de 3.700 años para asustar a media humanidad, incluida mi mamá, que se refugió detrás de sus manos con sollozos contenidos. Mi abuela vivía con entusiasmo su película, la disfrutaba, pero la hija aterrorizada le cortaba la conexión con el film. “No mires”, le decía a mi mamá y ella entre dedos miraba sin querer las escenas en las que la momia aparecía precedida por la música “in crescendo” hasta que el monstruo aterrorizaba a la audiencia. “Y así se tiró toda la película tu mamá”, terminaba el relato mi abuela ante el cual me sentí más acompañado en la nómina de los miedosos. Disfruté durante años de las películas de miedo, y de las que no eran de miedo, junto a mi abuelita Chela.
Pero Palita era la que leía el Ecran, ella era la cinéfila por definición. Un día un tío mío me preguntó por lo de mi cinefilia, le parecía raro tanto hablar de cine y de actores y películas que no correspondían a mi época. “Cinefilia congénita”, le contesté, y le recordé a su Tía Paula la primera cinéfila de la familia. Se rió y me contó una anécdota que sigue despertando las risas de quien la escucha tantos años después.
Resulta que mi tío es el más pequeño de los seis hijos de mi abuela Chela. Un fin de semana en el que mi tío se iba con Palita a su casa a pasar la noche con su primo, pasaron por delante del ventanal abierto del único vecino que en el barrio tenía televisor por aquellos días. Palita se percató que el mismísimo John Wayne caminaba hacia la pantalla y se detuvo a ver la escena. El legendario vaquero dijo su frase y Palita le comentó con sorpresa a mi tío: “oye, yo no sabía que John Wayne hablara tan bien en español”. Me reí y aprendí aquel día que a los cinéfilos se les puede escapar cualquier cosa y que parece mentira pero hasta la cinéfila venga vía genes. Pero… continuará.