domingo, 24 de mayo de 2009

Los estigmas del debate


Lo que el escritor Enrique Jaramillo Levi plantea en su interesante artículo no es ni más ni menos que una queja contra la Iglesia Católica y su posición en grandes temas sociales. Evidentemente aquí terminaría el asunto, pero la verdad es que toca además temas que son fundamentales para la comprensión del Cristianismo que, por mucho que se empeñe Roma, no es igual que Catolicismo.
Por un lado, la revelación del Génesis sobre el origen de hombre no es una “pastoril anécdota” ni genera “fábulas creacionistas”. Esta simplificación del asunto no está a la altura del debate que debemos tener. Toda la revelación bíblica y la necesidad de la venida de un Salvador vienen de lo ocurrido en el huerto del Edén. Cuestionar esto es cuestionar toda la revelación, pararíamos de contar aquí y se acabó el Cristianismo. Es una buena idea entre muchas poner atención a las teorías avanzadas sobre Diseño Inteligente que muchos científicos proponen. Eso sí, lejos del politiqueo con el que se trató en los Estados Unidos.
Que Jesús tuvo una relación con María Magdalena suena un tanto a novela de Dan Brown, (los que leímos en su día “El enigma sagrado” ya sabíamos de que trataba la novela y lo teníamos superado por la evidencia física de los hechos) y no lleva a ninguna parte nada más que a la especulación literaria, sobre si ella era pelirroja o si de verdad el Priorato de Sión estuvo presidido por el mismísimo Víctor Hugo. Esta historia, que aparece muchos años después sobre todo en el entorno Gnóstico de la época, le ha dado para escribir entre otros a Nikos Kazantzakis, a José Saramago (que tuvo que exilarse) y Tim Rice el autor de “Jesucristo Superstar”. Y no olvidemos a Dan Brown y a todos los que después de él han tenido en la polémica (supuesta) relación entre Jesús y María de Magdala tema de especulación literaria. Nada dicen los textos sobre el tema y esa es la manera de hacer Historia. Especular, es literatura.
La integridad de los textos del Nuevo Testamento, más allá de la fe, es cosa no discutible hoy, allí están, han sido analizados, cuenta con más copias que la mismísima filosofía de Platón (por poner un solo ejemplo) que nadie cuestiona y cuya copia de la copia es de 900 años y su lapso de composición es de unos 1200 años. El Nuevo Testamento (cartas y evangelios) fueron escritos antes del año 80 del primer siglo. Y no hablemos de Qumrám, la Septuaginta y otros textos antiguos que apoyan la integridad del texto a parte de la evidencia de una amplia literatura apócrifa dentro de los primeros doscientos años de la era cristiana lo que significa que el arraigo del Cristianismo es patente desde el principio. No olvidemos a Josefo ni el hecho de que ni siquiera el propio Imperio romano y tras de ellos el judaísmo pudo echar por tierra la resurrección predicada por el primer grupo de seguidores de Jesús. Esto es Cristianismo pero volvamos al Catolicismo.
El celibato de la Iglesia Católica no lo enseña el Nuevo Testamento, eso es evidente. Pedro estaba casado al igual que muchos de los discípulos. Pablo, lo aventuran algunas biografías, posiblemente era viudo y apela siempre al reconocimiento de la propia contención sexual y advierte que no deben las parejas negarse el uno al otro sino para orar. Esto es lo que dice el Nuevo Testamento. El problema es el “Magisterio de la Iglesia” y la “Sagrada Tradición” que el catolicismo se empeña, aunque no quiera reconocerlo, en equipararla a la revelación bíblica. La raíz del mal está en caer en el error que Pablo advirtió a los gálatas en su maravillosa epístola dirigida a ellos sobre creer a “otro evangelio” que se venía predicando, cambiando el sentido de lo revelado. A más de la advertencia también paulina de que en los postreros tiempos vendrían algunos enseñando que uno no debe casarse. Es un error el celibato y más sabiendo que Dios inspira a Salomón para componer un cántico al amor íntimo en el libro de Cantares.
La Inquisición, sumada a las Cruzadas, la expulsión de judíos y musulmanes de España y otros miles de desmanes cometidos en nombre de Dios, no comprometen el mensaje fundamental de la Biblia que no es otro que el hombre es pecador y necesita del sacrificio de Cristo. Ese es el evangelio.
Toda la política en materia sexual que sostiene el Catolicismo es aberrante, prohibiendo el uso del preservativo o de los métodos anticonceptivos. El sueño de la razón y de la fe produce monstruos teológicos que terminarán devorándonos. No debemos dejar de pensar lo que Dios revela en su palabra para aplicarlo con una fe cercana a los textos.
No es cierto que Dios exija una fe ciega, de hecho la predicación es pública, la revelación es racional y está basada en un hecho histórico: la resurrección de Cristo. El apóstol Pablo reta a los corintios y a todos los cristianos a comprender que, desbaratado el hecho histórico, la fe es vana. Como dijimos antes, ni el Imperio romano fue capaz de echar por tierra el testimonio de los que vieron estos cosas y nadie pudo presentar ante todos un cuerpo muerto para detener la expansión de una locura semejante.
Espero que la discusión sobre la fe y sus consecuencias no se base solo en especulaciones de libros superados sino que se tome en serio lo que se sabe de los textos bíblicos y sobre la historia. El Catolicismo romano es un hecho que se deriva de una mala aplicación de lo que la Biblia enseña. Eso no es culpa de Dios.
Hoy el Estado debe poner en su sitio a las iglesias que deberían predicar no sólo el amor y la salvación sino el pensamiento necesario para no ser esclavos de los entusiastas de la ignorancia, que se llamen curas o pastores, quieren torcer los caminos insondables del Señor que a pesar de ello, son claramente expuestos en la Biblia. Quiera Dios que sigamos debatiendo, escribiendo y sobre todo cambiando. La sociedad panameña lo necesita pero sin alejarse de los valores básicos que el Cristianismo propone y que no tienen sustituto por mucho que nos empeñemos.

No hay comentarios: