viernes, 1 de mayo de 2009

Ahora que estamos muertos

"Ahora que estamos muertos" (Ediciones Carena, 2008), la primera novela del escritor madrileño Miguel Rubio no es ni más ni menos que un amplio fresco de un Madrid y de una España que perdió a muchos jóvenes con la droga. La experiencia del escritor con el tema, diplomado en trabajo social e implicado más de una década con los sin techo, le ha dado los elementos que necesitaba de la realidad para trazar los dramas que los personajes de esta novela brutal afrontan.Más que una novela coral esta es una novela de “sucesos corales” que se mezclan unos con otros, en los que entramos y salimos con la perspectiva de un cámara que enfoca en el momento preciso las vidas ruinosas de todos ellos.
Arranca con el “Manitas” un personaje que ya nos va dando una medida de la fidelidad perdida a los amigos, de la supervivencia a toda costa y la traición necesaria que todos los personajes practican en el subsuelo social de la droga.El personaje de Cristina, que llega en el tercer capítulo, es el más entrañable de toda la novela que transcurre en un día, veinticuatro horas que son suficientes para revelarnos que la monotonía es una de las señas de identidad del drama en el que viven estas personas. Para Cristina, que vive como los demás personajes su día, arrastra como una losa el hecho de que es su cumpleaños. Entonces se suscitan los recuerdos, las preguntas y la ausencia de respuestas. Con ella vamos de la mano a su pasado, a los días casi felices que generaron su amargura actual y es ella la que ilustra el hecho de que si el autor hubiese rebobinado la cinta de todos los personajes nos hubiésemos topado con vidas parecidas, con deseos similares con sueños de mañana tan parecidos.Parejas imposibles, ex prostitutas, yonquis en toda regla y la música ochentera nutre y dotan de sustancia la novela que Rubio ha sembrado de citas de canciones de la época que ilustran perfectamente la educación sentimental de unos años en los que todo parecía futuro pero que se frustró para muchos al engancharse a la engañosa libertad de la droga.
Otro personaje importante de la novela es la ciudad de Madrid escenario de las historias de “Ahora que estamos muertos” que se convierte en territorio novelesco como la Mancha para las tristes figuras de dulcineas imposibles y quijotes solitarios que no son capaces ya de la más elemental y necesaria aventura: la de vivir. La novela da cuenta de los lugares de consumo, de los albergues, de los bancos, calles y comedores en los que los personajes desarrollan su día en el infierno. No estaría nada mal establecer, para inconscientes y despistados, una ruta de los sin techo con esta novela como bitácora. Un personaje distinto ha llamado mi atención: “el Ministro”, un hombre mentiroso, bien vestido, casi podríamos decir prototipo de político, que vive instalado en su fantasía y adolece de la misma enfermedad que los demás: dependencia. En este caso de Cristina y de sus mentiras.
Esta primera novela de Miguel Rubio perfila a un escritor que ganará peso con el tiempo, que irá puliendo sus artes con la constancia que le ha llevado a este primer acierto literario. Con esta primera obra esperamos que dé rienda suelta a su creatividad y aborde otras realidades que, aunque no le sean tan cercanas, seguro tratará con solvencia. “Siempre es más fácil bajar que subir”, nos dice el autor en su novela. Yo creo que no le costará subir. Talento no le falta.