domingo, 2 de enero de 2011

El río de la vida (Reseña)

Esta novela corta, suena. Tiene la virtud de despertar sensaciones, de hacernos escuchar la naturaleza y arrebatarnos hasta la orilla del río, no sólo el físico, el Big Blackfoot sino hasta el río de la propia existencia donde el tiempo inexorable paseante de la corriente nos muestras sus diversas caras.
Ficción autobiográfica “El río de la vida” (Libros del Asteroide, 2010) encierra todo lo que su autor Norman Maclean (Estados Unidos, 1902-1990) llama su universo. Novela de culto en Estados Unidos y que lleva más de un millón de copias vendidas, para España, quien sino, la recupera Libros del Asteroide con una excelente (eso me han dicho) traducción de Luis Murillo Fort y un prólogo acertado y revelador de Gabriel Insausti. Un libro en el que todo son virtudes: desde la técnica del autor hasta la extensión, que juega a favor de la historia.
Paul y Norman son hermanos, iniciados por su padre en la religión, la literatura y sobre todo, en el noble arte de la pesca con mosca. Pastor presbiteriano, el padre de estos chicos les enseña que la fe y la pesca son sagradas y que ambas han de ser tratadas con la necesaria reverencia y ejercerse con osadía. Los chicos crecen y el amor por la pesca lo hace por encima de todas las cosas transformando sus vidas tanto como la fe inculcada por el padre.
Norman recuerda y narra aquellos años de pesca, los días con el padre y el hermano teniendo tantas cosas en común, buscando el rostro aprobatorio del padre, mimando el arte de la pesca con mosca del cual este libro de Maclean es todo un manual de referencia obligada según los entendidos. “El río de la vida”, es un historia cargada con la experiencia vital de un hombre que ha vivido y que además es un profundo conocedor de la literatura.

No se inquiete quien piense que esta novela está llena de tecnicismos de pesca que hay que ir retirando para llegar a la historia en sí, para nada: no hace falta ser experto pescador con mosca para asomarse a esta novela: la técnica de Maclean, u tratamiento de la trama, el movimiento de sus personajes, hace que mientras leemos sintamos que en nuestras manos tenemos una caña de pescar, que Paul es nuestro hermano y que empecemos a querer a ese padre pastor-pescador, que nos sintamos en medio del río Big Blackfoot pescando truchas.
“El río de la vida” es también una necesidad de poner en orden la memoria. Maclean hurga en sus recuerdos para dibujarse y dibujarnos como fueron las cosas en el pasado, como fueron las relaciones con su padre y con su hermano, que pasó con este último y termina convirtiendo ese ejercicio en literatura, sencilla y rotunda construyendo un texto que se quedará para siempre con nosotros.
Esta edición se completa con otras dos historias: “leñadores, proxenetas y ‘Tu camarada Jim’” y “Servicio forestal de Estados Unidos, 1919” que complementan esta edición de “El río de la vida” y muestran la maestría de Norman Maclean complementando el ambiente y los escenarios de esta.
Como dijimos, el prologo de Gabriel Insausti revela claves de la vida de Maclean y nos pone en perspectiva los textos, permitiéndonos tener más luz en tanto que conocemos mejor el contexto vital de las obras. Un conocimiento que nos ayuda a abrazar mejor estos textos que sin duda nos acercará como dice el propio Insausti, a la gran paradoja del ser humano: “trágico, sí, y también verdadero”.

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