sábado, 1 de enero de 2011

Textos (Reseñas)

Arranca el 2011 y hoy más que nunca es necesario que nos paremos a pensar. No está de moda, es un gesto que relega convierte al pensante en un ser absurdo. En tiempos de “vivir la vida loca”, “no pensárselo dos veces” o “dar el salto”, es bueno que busquemos asideros que nos permitan tener un buen enfoque de los hechos vitales en medio de las coces que cantan el momento pero desprecian la totalidad de la vida.
Sin recetas mágicas pero con una profunda carga de responsabilidad intelectual el colombiano Nicolás Gómez Dávila (1913-1994) plantea en “Textos” (Atalanta, 2010) una visión profunda del ser humano y su circunstancia con un matiz regional que no le resta nada en absoluto a su vocación de pensador universal.
Gómez Dávila toca los grandes temas del ser humano: identidad, Historia, Dios, vida, muerte, democracia y lo hace con un estilo limpio y elegante, con la conciencia de cada palabra. No es un torrente filosófico es un constructo intelectual que se basa en la experiencia y en el apego a las palabras. El fraseo no es baladí, no es inconsciente nos permite cabalgar sobre los conceptos.
Esa búsqueda de precisión y de enfoque le convierte muchas veces en el texto en una suerte de visionario profético ya que estos textos son del 59 del siglo pasado, textos que no pierden su vigencia ni su verdor y que se erigen como puntos de apoyo e inflexión filosófica para los que a pesar de todo deciden pensar.
Muchas cosas son destacables de este texto. Su brillante discusión del tema capitalismo- comunismo, las democracias burguesas frente a las populares o la discusión sobre la libertad son textos para revisitar y encender debates. Gómez Dávila no baja el nivel intelectual quiere que elevemos el nuestro, no parece avergonzarse por su calidad filosófica y literaria. Esta lectura es un ejercicio del pensamiento que no debemos eludir.
Incendiario y enardecedor es el texto que habla de El reaccionario auténtico”. Su firme apuesta por la libertad, su rotunda fe en el hombre y sus posibilidades (sin ataque teológicos), nos insta a todos a movernos, a no dejarnos llevar por la inacción, nos empuja a tomar posesión de nuevas realidades que mejoren nuestra condición.
Como texto profundo, sorprende que sólo hablemos de 158 páginas. La maravilla del estilo de Nicolás Gómez Dávila es que al escoger con precisión las palabras, las imágenes conceptuales que nos ofrece se fijan con profundidad en el intelecto y en el pensamiento. Este excelente ejercicio de concreción que no sacrifica la precisión ha de ser paradigma para muchos autores de libros de Filosofía que esconde tras la torrencial repetición de conceptos rimbombantes una falta de capacidad de comunicarse por medio de la escritura.
La nota del editor de Jacobo Siruela nos pone en la pista de este autor y de los textos, pistas que nos iluminan el texto. Confirma esta nota que, como siempre, la difusión y el interés por los buenos libros, someten a los lectores a ciertas ausencias editoriales que no deberían darse. Gran acierto de Atalanta y su editor al poner en nuestras manos un texto de calidad que invita a moverse y a despertar del letargo castrante de los entusiastas de la ignorancia.

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