jueves, 20 de enero de 2011

La caída de los cuerpos (Reseña)

Maurice Druon continúa una saga de las que ya han hecho historia. Como dijimos al reseñar “Las grandes familias” (Libros del Asteroide 2009) estamos ante una novela de personajes. Las ideas son encarnadas por ellos, son llevadas a cabo con un tejido de realidad que difícilmente tiene correlato en otras sagas. Druon crea personajes, levanta vidas, colma existencias por las cuales no siente compasión: los ajusticiados lo son con una demoledora fuerza, por un autor consciente de lo que tiene en sus manos.
El tiempo de la novela, su ritmo construido al galope de los acontecimientos de la primera parte del siglo XX. Vemos como la vieja guardia de la sociedad francesa de va extinguiendo. Noël Schoudler se hunde, hace crack en un capitulo número tres espléndido y su fortuna y su estilo de vida van tocando a su fin, poniendo punto y final a las grandes fortunas amasadas durante el XIX. Los giros de la vida ajustan cuentas pero no se engañen, otros siniestros trepas ocuparán su lugar dando paso a los nuevos monstruos de la sociedad francesa.
La caída de los cuerpos” (Libros del Asteroide 2010) es la segunda entrega de la saga “Las grandes familias” que Maurice Druon escribiera para dejarnos constancia de la “intrahistoria” de aquellos años de entreguerras, cracks económicos, de cambios ideológicos y políticos. Porque una de las grandes virtudes de estas novelas es precisamente su capacidad de narrar como las ideologías y las búsquedas de poder esconden seres de carne y hueso.
Trepas como el capitán De Voos, surgen con fuerza, van tomando posiciones, deja a una para irse con otra que le conviene más aunque ya me dirán ustedes hasta que punto. Simon Lachaume asciende pisoteando las desgracias de otros y se ve proyectado aprovechándose de que sus mentores están vendidos al fracaso y él no hará nada más que aprovechar su momento.
“La caída de los cuerpos” arranca con una cacería entretenimiento de las rancias aristocracias y que tiene en el castillo de Mauglaives su gran símbolo de su posición. Es en ese mismo escenario donde Druon cierra el ciclo, donde se cierran las puertas de todo ese mundo que está a punto de cambiar vertiginosamente para siempre. Termina con un silencio, un silencio que presagia una cita en el infierno, un ambiente en el cual, los personajes de esta brillante saga tendrán que enfrentarse a un más que incierto futuro.
Druon es implacable con los personajes, resuelve sus vidas en frases contundentes, maneja las atmósferas con sigilo, situando a cada quien allí donde mejor queda para que el efecto surja y capte al lector. Un verdadero artista, de los de raza y verbo, de los que están entre los grandes por mérito propio.
Con una espléndida traducción de Amparo Albajar y una hermosa edición, “Libros del Asteroide” ya tiene a sus lectores a la espera de la tercera entrega de la saga para ver como un artista de las letras de la talla de Maurice Druon remata una saga que, ya les digo, harán bien en buscar.

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