miércoles, 10 de septiembre de 2008

La herencia de Eszter

Con pocas palabras de puede decir mucho y es que, haciendo una relectura del la tan manida frase “una imagen vale más que mil palabras”, la verdad es que no hacen falta tantas para lograr una buena imagen. Por lo menos en Literatura.
Eso hace Sándor Márai (1900-1989) en esta novela La herencia de Eszter. Con líneas breves pero intensas el autor hace que asistamos a la puesta en escena de una compleja trama de sentimientos y situaciones que cubren veinte años en la experiencia de la atormentada Eszter. La paz de una vida sencilla salta por los aires con el regreso de Lajos, (que viene de lejos a perturbar la paz) un ser retorcido y moralmente réprobo que consigue ganarse nuestro rechazo. Márai narra desde Eszter, en primera persona, la verdad de aquel regreso, los sentimientos ocultos durante tantos años y el despertar de los mismos ante el regreso de hombre que vuelve para llevarse lo último que le queda a Eszter.
Frases breves, diálogos, imágenes, todo ello contribuye a que la acción avance y terminemos comprendiendo la decisión final de Eszter.
La estructura de la obra es muy simple: arranca planteando la necesidad de Eszter de poner por escrito lo que sintió y ocurrió aquella tarde de domingo cuando Lajos vuelve luego de veinte años de ausencia, para llevarse todo lo que queda de la herencia Eszter. La acción comienza despacio, con la recepción del telegrama que anuncia (más bien advierte) la visita de Lajos. Reflexiones íntimas, recuerdos del pasado, opiniones de los personajes (Nunu, Tibor, Endre, Laci) que van conformando la psicología del temido Lajos. Luego se acelera, Lajos y su torbellino emocional barre la tranquila morada de Eszter y Nunu, removiendo el pasado, haciendo confesiones, llevando a Eszter a tomar una decisión. Esta parte revela mejor la psicología de la propia Eszter, su pasado, sus emociones, el porqué de sus sentimientos y pinta el camino que la conduce a la toma de su decisión final. Aparecen en esta segunda etapa de la novela personajes como el propio Lajos, Eva y Gabor, sus hijos, Vilma, hermana de Eszter y mujer de Lajos, muerta hace varios años, Olga y su hijo, que vinieron con Lajos ese domingo. Todos son personajes secundarios que ayudan a crear la tensión necesaria entre Eszter y Lajos.
Capítulos pequeños, lineales, que simplemente acotan escenas nuevas e introducen nuevos personajes y nuevos diálogos entre los protagonistas. Retrospecciones al principio y luego diálogos intensos crean la atmósfera propicia que nos da la sensación de estar leyendo una novela más larga.
Pero el gran acierto de Márai es el uso del lenguaje. Consigue crear una atmósfera, señala con precisión emociones sentimientos y acciones, no muestra, lleva al lector a mirar, a crear en su lectura el texto.
Según lo que dice la escueta biografía de Márai que precede al texto de la novela, era húngaro, y se exiló durante el régimen de Horthy durante los locos años veinte. Para el año 48 abandonó definitivamente su país y emigró a los Estados Unidos.
Lo triste es que este longevo autor de 89 años, condenado al olvido en su país por la prohibición de su obra, terminara suicidándose pocos meses antes de la caída del muro de Berlín y el fin de la utopía comunista. Por ahora desconozco las razones de su decisión, pero seguro que le habría encantado verlo.