jueves, 4 de septiembre de 2008

Las trampas del juego

La gente se sorprende porque quiere y a veces parece que quiere hacerlo. Las noticias informan esta semana de que un hombre Marcelino Fernández Arnaiz, recién liberado de la cárcel, ha vuelto a comer el mismo delito una vez más y así lleva treinta años: abusar sexualmente de menores. El pobre sale, ha cumplido su pena y nadie diagnostica que no está curado (ni lo va a estar nunca). La Justicia dice a los padres del niño abusado que nada pueden hacer, el hombre ha pagado su condena y que éste es un estado democrático y existen unas “reglas del juego”.
En este estado garantista con los delincuentes, en el que robar, matar, ser pederasta o terrorista es francamente barato (ver el caso de De Juana Chaos o de Otegui “ese hombre de paz”) el español de bien se ve muchas veces empujado por unos deseos terribles de tomarse la justicia por su mano. Es increíble oír a los políticos regodearse en la necedad de la reinserción cuando cualquier persona con dos dedos de frente sabe que los delitos sexuales por ejemplo, aquí o en la China olímpica, no tienen reinserción. Ni castración química, ni física, ni nada semejante: estos perfiles se transforman en delincuentes aun más sádicos ya que, al no poder concluir sus fantasías de manera “natural”, buscarán hacerlo por otras vías que se nos antojan aun más terribles que lo "natural".
Somos un país, no una ONG (Delincuentes sin fronteras) para que apadrinemos lo peor de cada casa y encima creamos ingenuamente en la bondad innata del hombre. Es deseable que terroristas, violadores, pederastas (caso sangrante el de éste hombre pero no olvidemos el de Mariluz Cortés y las fotos que las derechas e izquierdas de este país se hicieron con el padre de la niña), o los que vulneran la confianza de los contribuyentes (Afinsa, Marbella o Coslada) sientan todo el peso de la ley sobre ellos. Si nos dedicamos a dar señales equivocadas diciendo que todo vale, que si te metemos en la cárcel redimes pena sacándote una carrera y demás maravillas del sistema penitenciario, terminaremos por delinquir todos, total con la crisis que nos azota es mejor estarse tras las rejas y no pagar hipoteca o alquiler y encima cobrar un sueldo y hasta puede que terminemos convertidos en abogados o en políticos.
Sí, claro que hay unas reglas del juego pero también es cierto que la sensación de que la Justicia de este país nos hace trampa en el “juego democrático” crece por momentos. ¿Quién no ejecutó las sentencias contra el pederasta Santiago del Valle, asesino de Mariluz? Tranquilo señor juez Don Rafael Tirado Márquez usted está por encima de la vida y la muerte. ¿Quién permite que Emilio Menéndez, "ese gran letrado", se escape conociendo los antecedentes del bribón? ¿Quién pretende juzgar los crímenes de la Guerra Civil, amigo Baltasar Garzón (que estuvo dando charlas por Panamá), justo ahora que no tenemos nada mejor que hacer? Nos hacen trampa señores, hagan juego total, los buenos son los delincuentes y los ciudadanos honestos unos estrechos que se merecen cinco años y un día por llamar terroristas a hombres de paz o por manifestarse en contra de consultas anticonstitucionales amparadas por pistolas asesinas lo cual es un delito tan grave como apretar el gatillo contra al prójimo.